Mirar y ver

Cuando finaliza el partido existe un resultado inevitable, que es el que marca el tablero electrónico. Un resultado ineludible, obsceno, ahí en el lugar donde todos lo ven. La dependencia que genera el tablero electrónico debería ser vista practicamente como una adicción.

Ahora bien, al finalizar un partido los concurrentes miran el tablero, jugadores, árbitros, entrenadores, espectadores y dirigentes son presos de los que marque el electrónico. Por supuesto debemos convenir que todos jugamos para ganar, a todas las edades y en todos los niveles, cuando uno hace el bolso o la mochila para ir al club, cuando deja de lado obligaciones u ocio para acudir al handball es porque quiere ganar. A nadie se le ocurriría salir de su casa entonando la frase «vieja, voy a perder y vuelvo».

Pero ¿es lo que marca el tablero el fiel reflejo de lo ocurrido en la cancha? Y mucho mas aún ¿son esos numeritos rojos lo único que importan de la semana? Claramente la respuesta es NO, si bien hay muchas personas que toman como verdad universal el resultado de un partido es necesario hacer un análisis mas amplio de lo que ocurre en cada partido y en el handball en general.
Supeditar el análisis y las conclusiones a un resultado no solo es inexacto si no peligroso. Marcelo Bielsa dijo una vez que la derrota es el mejor momento para analizar, evaluar y revisar, que la victoria endulza y engaña y corrompe el análisis objetivo. Como bien dije en el segundo párrafo nadie va a tirar un partido para luego analizar el juego. Pero me refiero a que no todo puede ser cuestión del resultado.

En muchas oportunidades un equipo juega bien y en un final cerrado pierde, eso no puede impedir que se aprecie las cosas que se hicieron bien. En categorías inferiores muchísimo mas, el resultado no debe importar absolutamente nada hasta los 14 años, donde comienza a tener una relevancia relativa para que comiencen a comprender la implicancia de las acciones técnico táctica y los desencadenantes que generan. Pero ganar o perder un partido de cadetes o juveniles no puede ser nunca algo trágico. Ya los Juniors siendo mayores de edad y en general jugando en categorías superiores pueden comenzar a competir practicamente como adultos.
¿Cómo no valorar como una victoria a ese jugador nuevo que sumó sus primeros minutos en nuestro deporte? ¿Cómo no considerar un triunfo que nuestros jugadores luego del partido se sienten todos juntos a tomar algo? ¿Cómo no pensar en un éxito cuando el equipo logró mejorar eso que costaba o cuándo el jugador resolvió aquello que le resultaba una dificultad?

En el momento de la chicharra todos miramos el resultado, pero es importante llegar a casa, sentarse, analizar y sacar conclusiones independientes del número final. Se debe valorar si se jugó de acuerdo a lo planificado, si se mantuvo una línea, si hubo volumen de juego, si se fue efectivo, si el sistema defensivo funcionó, etc, etc. También por supuesto se deben valorar las cuestiones humanas e interpersonales, la relación entre los miembros del equipo, la actitud en todos los momentos del partido, la forma de llevar y manejar los impulsos que la misma competencia genera.

Entonces cada vez que veamos el tablero sepamos que es sólo un comienzo y una parte del análisis post partido, nunca debe ser el eje central ni dominar los ánimos.

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