Adios a un grande de verdad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todavía con lágrimas en los ojos, no puedo parar de pensar en él. Y con el correr de la tarde fueron creciendo los recuerdos, las frases, las anécdotas. No es casualidad, que jugadores, ex jugadores, entrenadores, árbitros, hinchas y familiares, TODOS tengan una palabra hacia él. Esas cosas no son ninguna casualidad. Es porque Roberto dejaba su huella, su marca, por donde pasaba.
Sabía de handball, sí, muchísimo. Era un gran entrenador, también. Además, fue un excelente jugador, central y capitán de la selección cubana “de oro”.
Pero más GRANDE era por ser un ser humano excepcional. Por su humildad. Por su nobleza. Por el gran corazón que tenía.
Perdonen hoy la subjetividad. Pero cualquiera que lo haya conocido está en condiciones de leer esto y opinar igual que yo.

En cuanto al handball, lo entendía de una manera maravillosa. Muy simple. Siempre valoraba al que defendía, siempre cuidaba a sus jugadores. A sus “atletas” como él nos llamaba.

Decía que teníamos que querer al balón. Que lo cuidáramos como un hijo. Que había que amarlo, y que nadie podía hacer con él lo que quisiera.
Decía que esto era una orquesta. Y que si el violinista desafinaba, desafinábamos todos. Que si el trompetista desafinaba, desafinábamos todos. Y que hasta el que tocaba el triangulito era importante, y también debía afinar.

Hoy el Director de esa orquesta, nos deja físicamente.. pero lo será eternamente.

El handball, la gente del handball, te va a extrañar. Pero tu recuerdo estará siempre en nuestros corazones.

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