Aprender a perder (III)

Tercera entrega de “Aprender a perder”. Podes leer las anteriores para interiorizarte en el tema ACA

Supongamos que el entrenador ya está convencido de que la victoria en categorías de base no es determinante, y se centra en utilizar estrategias para formar y enseñar a sus jugadores antes que en buscar desesperadamente la victoria. En ese momento comienza un camino difícil, deberá convencer a sus jugadores, a la gente del club y muy especialmente a los padres, para que realmente el proyecto pueda funcionar.

A los jugadores deberá convencerlos con hechos concretos, es decir felicitándolos luego de una toma de decisión adecuada pese a que no sea gol, celebrando el juego limpio, aplaudiendo al defensor que “roba” una falta de ataque en lugar de agarrar o empujar, apreciando el proceso de las acciones y decisiones y no simplemente los resultados. ¿Cuántas veces hemos visto que el arquero se da vuelta, la pelota le pega en la espalda y el entrenador pulgar arriba lo felicita por la atajada? Seguramente no haya que retarlo, habrá que lograr que pierda el miedo a la pelota y etc, pero lo que está decididamente mal es celebrar o validar una ación fortuita. El arquero se adelanta para achicar y nuestro jugador tira un globo, se va por encima del travesaño; el entrenador debe felicitarlo porque la solución táctica fue adecuada, le deberá marcar que ajuste y deberá darle chance en la semana de hacerlo, pero el chico percibió bien, vio y actuó en consecuencia. El gol no siempre es sinonimo de bien. Además por supuesto pregonar con el ejemplo, debe rotar a todos los jugadores, a pesar de que “Juancito” sea un crack él también deberá sentarse cinco minutitos y experimentar alentar desde afuera a sus compañeros. Deberá estar mas que tranquilo con la derrota, saludar amablemente a rivales y al otro entrenador y siempre rescatar las cosas positivas.

Los demás entrenadores de la institución, los jugadores más grandes y los dirigentes deberán acompañar esta política de desdramatizar la derrota, acudir a los partidos y felicitar a los chicos. Plantearse objetivos a corto plazo y posibles de ser cumplidos. Recordemos que le mejor manera de fracasar es plantearse un objetivo que no puedo cumplir. Entonces si tengo un equipo en formación quizás sea coherente pensar en: meter más goles que el partido anterior (si podemos), que nos metan menos goles que el partido anterior, que son cuestiones muy palpables, destacar las buenas intervenciones y la participación de aquellos que recién comienzan a jugar, para animarlos y estimularlos a que sigan mejorando. Si un jugador de Liga de Honor resta importancia al resultado y se acerca a felicitar a un infantil por determinada acción les aseguro que eso le generará más satisfacción que ningún resultado ¿Cuánto vale que Andrés Kogovsek o Pablo Portela le digan a nuestro jugador “golazo eh!” o “que buen robo de pelota”? Les aseguro que si el partido terminó mil a cuatro, los chicos guardarán en su recuerdo esa frase de alguien que para ellos es significativo. Aquí me permito hacer un aporte también, con respecto a lo dicho de los objetivos. Se debe ser cauteloso con los objetivos que se plantean para un equipo, y sólo hacerlo luego de un exhaustivo diagnóstico, de lo contrario podría generarse frustración y transmitir esa frustración a los jugadores. Por ejemplo: plantearse GANAR un partido es un error en sí mismo, y esto en cualquier categoría; porque ganar no depende sólo de mi, también depende de otro equipo y no se puede proyectar sobre las actuaciones ajenas. (a menos claro está que se maneje información y juegue el primero y el último y cosas por el estilo, en este caso hablo del partido que viene sencillamente).

El punto mas complejo es convencer al padre, porque además es el padre el que nos va a ayudar desde la casa a reofrzar esta idea de que lo importante es participar, divertirse y aprender. Los padres (todos) en algún punto son un agente complicado en la formación deportiva, cuando un papá o mamá dejan a su hijo en el club también se ponen en juego su historia, sus inseguridades, sus miedos y demás factores que podrían conspirar negativamente. Debemos celebrar que el amateurismo nos salva de esa idea de la familia que pretende hacerse millonaria con un futuro contrato, pero la idea de pensar que el hijo juegue en la selección o en Europa puede trastornar la visión de la realidad. Lo primero que debemos modificar es el discurso, el 95% de los familiares cuando el chico/a llega de jugar le pregunta ¿cómo salieron? o ¿ganaron? ¡¡¡ERROR!!! ¿te divertiste? ¿estuvo bueno? El chico sólo después nos contará el resultado, pero hay que abordarlo por lo realmente importante, no sólo por lo que marca el tablero.

También es fundamental la conducta en los partidos, es muy frecuente que los padres acompañen a sus hijos cuando juegan (diría que debe ser de los momentos más lindos de la vida). Entonces es muy importante que el comportamiento, el lenguaje y el modo de actuar del padre o la madre se condiga con la filosofía planteada por el entrenador (que es un agente educador por supuesto). Si mi hijo sale yo no puedo plantearle “Pero decile que no te saque!, si estabas jugando bien” Hay que entender que todos tienen que participar. Es fundamental alentar el buen juego, aplausos, elogios, nada de comentarios destructivos. Aplaudir al equipo rival una vez finalizado el encuentro y comprender que ese momento es un espacio a compartir y disfrutar con los chicos, no hay nada grave en ganar o perder, lo lindo y significativo es compartir una mañana de deporte, salud, amigos y recreación. Al fin y al cabo para eso los chicos acuden al club ¿o no?

Papá baboso, esposo enamorado, extremo derecho y entrenador de Handball. Disfruto mi familia y mi trabajo. Enfermo del Balonmano

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