Aprender a perder IV

Cuarta entrega de “Aprender a perder”. Para el que no leyó las anteriores, le recomendamos hacerlo ACADejando un poco de lado las categorías de base, donde ya aclaramos que el resultado no es importante si no que la formación, el aprendizaje y el disfrute lo es, pasemos ahora a pensar sobre la victoria y la derrota en los grandes.

Para poder ganar es fundamental haber perdido, es inconcebible la formación de un equipo que no conoce la derrota. Perder y saber perder es condición sin equanon para formar un deportista y una persona que luego buscará ganar, y ganará. Es en la amargura de la derrota donde es más dificil hallar las cosas buenas, pero de eso justamente se trata. Asimilar la derrota como un resultado posible de la competencia es lo que permite luego valorar y saborear el triunfo.

Hay un gran entrenador argentino que un día, luego de una gran conquista, me dijo “Vamos a festejar, pero aprovechen para festejar eh! Miren que para volver a festejar hay que volver a ganar” En ese momento me sonó redundante, quizás estaba enceguecido por el extásis de la victoria, pero con el tiempo lo entendí. Ganar no es cosa de todos los días y no es algo que se reparta equitativamente. Ganar es difícil, puede ser doloroso y sacrificado, la gloria dura pocos segundos y luego todo vuelve a empezar. Si uno perdió y perdió lo suficiente, sabrá valorar ese momento mágico de tocar el cielo con las manos y guardarlo en lo más profundo del corazón y la memoria, porque como si fuera poco el momento es efímero, inmediatamente luego de ganar la rueda comienza a girar otra vez y vendrán otros ganadores… con esfuerzo máximo se podrá repetir, pero no para siempre.

Si además entendemos que en un torneo hay 20 equipos, no hay que ser demasiado astuto para intuir que sólo 1 podrá llevarse el título de campeón. ¿Qué todos lo intentarán? ¡Seguro! ¿Qué hay que dar el máximo con el objetivo de llegar a lo mas alto? ¡Por supuesto! Pero no puede ser el título lo único que nos movilice, para esto es muy buena la metáfora de la montaña ¿Qué es más importante? ¿El instante que se está en la cima de la montaña o el largo trayecto recorrido para llegar ahí? Es para pensar, pero les aseguro que el camino, el proceso, el aprendizaje y el sacrificio diario son demasiado importantes y relevantes en la vida de un jugador como para enfocar todo hacia ganar. Al fin y al cabo el objetivo siempre es la muerte de la flecha.

Es imposible que un jugador que perdió, que aprendió a perder y entendió lo que eso significa, tenga una mala actitud para con el contrario al que derrotó. Alguien que tiene la humildad de haber perdido entiende que ganar no es lo único, que es temporal y efímero de manera que ese rival que hoy fue derrotado mañana podría derrotarlo, siempre máximo respeto ante el rival, que no es más que eso: un rival. No es ni un enemigo, ni un criminal. El rival es justamente un factor determinante para que exista la competencia, si el objetivo es destruir al oponente el resultado será el fin de la competencia, porque no habrá con quien jugar.

Un equipo que comienza el año planteándose salir campeón se está equivocando, salir campeón no sólo dependerá del propio equipo, si no también de los rivales que intentarán que esto no ocurra. Un equipo se puede plantear mejorar, jugar bien y preparar partido tras partido, si todo sale bien, y los resultados se dan luego podrá ser campeón, pero nunca puede ser el campeonato un objetivo en sí mismo. Es en nuestro país donde mas dificultades tenemos para comprenderlo, quizás porque los medios masivos de comunicación y muchos nefastos periodistas nos quieren hacer creer que sólo valen los primeros. Analicemos dos frases de cabecera:

– Del segundo no se acuerda nadie.

– El segundo es el mejor de los perdedores.

La primera es una falacia en sí misma, de Holanda del 74 nos acordamos incluso los que no habíamos nacido. De este Barcelona que será segundo en la Liga y quedó fuera en semis de Champions nos acordaremos toda la vida. Pido perdón por los ejemplos futboleros, pero a veces son más contundentes por lo masivo. Tomemos el caso de la Selección Argentina en Suecia, puesto 11, para mí, éxito rotundo y absoluto y cada vez que me cruzo con uno de los chicos le hago saber mi gratitud como amante del Handball. Por supuesto salió el infeliz de Toti Pasman a decir “falta tomar la sopa, no se pueden poner contentos por ser 11”, claro si él es un producto de la tele basura, de ese abobinable sistema que lame las medias del que gana y luego cuando pierden destroza con la crítica inconsistente. ¿Cómo podemos pretender que una persona triste como Pasman valore lo logrado por nuestros gladiadores? Ni siquiera me interesa.

Con respecto a la segunda frase, agrupar a todos los que no son campeones (o sea a todos menos uno) es una incongruencia y un sinsentido. El campeón no siempre es el mejor (Grecia ganó una Eurocopa de fútbol), sin duda está arriba e hizo méritos, pero muchas veces son pequeñísimos los detalles que definen un resultado y catalogar como perdedor a todo aquel que no gana es como mínimo demasiado simplista. ¿Cuántos equipos a partir de una derrota han construido una trayectoria increíble? ¿Recuerda la final del Mundial de Basquet dónde Argentina pierde con Yugoslavia? Luego de eso vino todo lo que consiguió la generación dorada, probablemente hubiese llegado igual, pero estoy seguro que a esos cracks esa derrota les sirvió, les dolió pero les sirvió. Aquel equipo argentino de 2003 que perdió la final en Santo Domingo, perdió en suplementario ¿No merecían esos chicos Canzoniero, Jung, Viscovich, Morlacco, Gull y el entrenador Mauricio Torres un Juego Olímpico? Sin duda que sí, pero la pelota de Gonzalo Viscovich pegó en el palo y se fue y Brasil fue campeón, ¿alcanza eso para decir que los demás son perdedores?

Papá baboso, esposo enamorado, extremo derecho y entrenador de Handball. Disfruto mi familia y mi trabajo. Enfermo del Balonmano.
Máster en horno de barro y parrilla.

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