Adios gran capitán

Mi historia de idolatría comenzó allá por el año 95 en Ballester, yo era cadete y transitaba mi segundo año en el Handball. En ese momento no me imaginaba que la pasión me iba a hacer dedicarle mi vida de una u otra forma a este deporte, pero ya me encantaba. Fuimos a ver a Matias Paganini, un amigo de Moreno que jugaba el Mundial Junior, partido muy chivo contra Eslovaquia. La gente se volvía loca y gritaba “cogote, cogote”, yo en ese momento no entendía nada, pero desde la entrada en calor vi que era un crack inigualable. Iba a todas las pelotas como si fueran la última no del partido, si no del mundo y además metió una rosca que se caía la cancha.

Luego muchas veces me tomé el tren a Liniers y el 28 para ir hasta el Cenard a verlo jugar por la tele. Muchísimos años más tarde me tocó jugar contra él, me acuerdo que hacía un esfuerzo por verlo de lado a lado. Después del partido con muchísima timidez le pedí si me cambiaba la muñequera, me dijo “No, te regalo la mía y esperá que te doy una remera” Me temblaban las piernas, volvió del bolso con la remera y me dijo “te felicito, seguí entrenando que te va a ir bien” Imaginense, él que había jugado Mundiales, que era la figura, se fijaba en un diminuto como yo, simplemente genial.

Andrés es de los jugadores del mundo que ostentan más Mundiales, jugó los Junior del 93 y el 95, adulto del 97, 99, 2001, 2003, 2005, 2009 y 2011. Además de Sudamericanos y Panamericanos, también tiene muchísimas Ligas Nacionales y Sudamericano de clubes ya que cuando no viajaba con Ballester los demás clubes luchaban por llevar un jugador de su jerarquía. Sería bueno tener la estadistica, pero en Femebal debe tener millones de goles.

Tras años y años de gloria con su querida camiseta roja llegó la chance de emigrar, un equipo de División de Honor B había puesto sus ojos en él. Andrés llegó y hubo amor a primera vista, el primer año logró mantener la categoría y el segundo dirigido por otro tremendo extremo derecho como Antonio Carlos Ortega el club malagueño logró el ascenso a Asobal donde se mantuvo hasta que este año tuvo que desaparecer víctima de la crisis que atraviesa la Liga española. Andrés tras varios éxitos en Europa y de enfrentar los mejores de nuestro deporte decidió pegar la vuelta, antes de eso el BM Antequera retiró la camiesta N° 7 con su nombre, INCREÍBLE. Un hecho que refleja lo que es Cogo como persona.

No por nada Andrés fue capitán de todos los equipos en los que jugó, es un tipo sensible, humilde, medido, respetuoso y afectuoso. Digno representante de todos sus compañeros y un excelente compañero. Abanderado del Fair Play debe ser el jugador con menos exclusiones y descalificaciones del mundo, corroborando cantidad de partidos jugados y sanciones.

Hoy se terminó la etapa en la Selección Argentina, un período lleno de gloria que culmina con un Juego Olímpico, un sueño que Andrés pudo cumplir pese a que en sus comienzos era inimaginable, Cogo luchó con todas sus fuerzas y entrenó y entrenó hasta pisar la Villa Olímpica. Se insertó de mil maravillas en un grupo mucho más jóven, sin embargo todos los chicos se sienten representados por él y lleva la cinta orgullosamente.

Seguramente Andrés tenga algo más que darle a su amado Ballester, club donde cada fin de semana regala grandes goles y excelentes actuaciones. Nunca olvidaremos aquellas roscas a Cuba en el Panamericano, las roscas aéreas de los sábados, pero sin duda lo que siempre perdurará es la calidad humana de un jugador indispensable para la historia del Handball argentino. Gracias Andrés, te vamos a extrañar mucho.

Papá baboso, esposo enamorado, extremo derecho y entrenador de Handball. Disfruto mi familia y mi trabajo. Enfermo del Balonmano.
Máster en horno de barro y parrilla.

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