¡Que juegue para siempre!

El día de ayer no pasará inadvertido en la vida de Andrés Kogovsek, justamente en el año que se retiró de la Selección Argentina y también en el cual pudo cumplir su sueño tan anhelado de ser olímpico llegó, como frutilla del postre, el premio Olimpia.

¿Qué decir de Andrés que no se haya dicho? Muy dificil, un tipo extraordinario, como muy pocos conocí en la vida. Le guardo el cariño y el respeto absoluto, el mismo que me generaba cuando yo era menor y soñaba con alguna vez ser aunque sea parecido a él. El gran capitán, el capitán de todos, ¿cómo no sentirse representado por una persona con los valores éticos y de Fair Play más elevados que haya visto nuestro deporte?

Amado y respetado desde Málaga hasta Ballester, capaz de ir a un club de bario a las 3 de la tarde para dar un entrenamiento o una charla a los chicos, siempre con una sonrisa y con la mejor onda.

Dueño de una trayectoria increíble, tanto aquí como en el exterior. Y cualquiera podría pensar que a los 38 años ya andaría dejando lo último que le queda, y bueno le harían el favor de dejarlo jugar sus últimas fichas ¡Nada de eso! Andrés está más vigente que nunca, y lo que ha perdido logicamente en velocidad y potencia lo ha ganado en experiencia y sabiduria. Estuvo en duda hasta último momento para el Super 4, un problema en la rodilla lo tenía a mal traer, jugó en una pierna y así y todo fue clave, determinante para que el conjunto de San Martín se quede con el título y cierre un año impecable. Por supuesto regalándonos una rosca aérea impresionante, que directo al arbolito de Papá Noel como regalo de Navidad.

Cuando lo vi consagrarse este año campeón del Nacional, mejor extremo derecho del Panamericano, romperla contra Islandia en Londres dije «no tiene límites», cuando lo vi definir el Super 4 y ayer levantar el Olimpia pensé «Ojalá que juegue para siempre»

Andrés ya tiene un puesto como representante de Atletas, muy necesario, aportará toda su experiencia y vivencias para mejorar, aùn más, las condiciones de trabajo de los Gladiadores. Humilde, cariñoso, sencillo y siempre alegre, así es Andrés adentro y afuera de la cancha. Un crack total. Gracias por ser un ejemplo para todos.

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