¿Hasta cuando?

Recuerdo cuando hace algunos años agarré mi bolso y saludé a mi viejo, me dijo «che, vos ¿hasta cuando pensas jugar al Handball?» Y la verdad me tomó de sorpresa, estaba pensando en que ese día jugábamos contra Quilmes, allá, cancha dificil, el flaco Zago gran arquero, defensa dura, etc, le tiré «no sé, mientras pueda siempre voy a jugar». Pero la pregunta de alguna manera me quedó haciendo ruido.

El deporte en mi familia había sido algo circunstancial, mis hermanas jugaron un año al Hockey, mi viejo era un gran futbolista, pero los ideales aristocráticos de su familia no le permitieron seguir, en aquella época los jugadores no eran celbritys como hoy, más bien unos mal educados que corrían tras un balón. Y cuando notaron que la cuestión de la pelotita se prolongaba en mi me miraban con cara rara, no que no les gustaba, les sorprendía.

Pensar en es hasta cuando es algo a lo que no le encuentro demasiado sentido, ponerse plazos no es una necesidad. El día que no sienta esas cosquillas en la panza antes de un partido importante, o ganas de arrancar una pretemporada, calculo que no armaré más el bolso. Pero aquello de «dejar el deporte, antes de que el deporte me deje a mi» no me parece, a mi al menos. Cada uno tomará su propia decisión. No me preocupa lo que piensen los demás siempre y cuando yo sea feliz de las líneas para adentro.

Cuando con los años me fui ganando el mote de «enfermo del Handball» supe que era una pasión irrefrenable, esa palabra que describe una patología es horrible, pero asociada a un deporte es todo un elogio. Ser un enfermo del Handball me encanta, es una virtud que disfruto. Y trato de propagarlo, como si fuera un virus para seguir con la terminología clínica, cuántos más chicos pique ese bichito del Handball, mejor me siento. Ver a los infantiles mirando un partido de mayores, o que un menor me diga «viste el gol de Simonet a Montpellier» son síntomas inequívocos de que ahí prendió.

Cuando uno llega a cierta edad y comienza a rememorar momentos parece un viaje al centro del corazón, esas jornadas eternas en el micro, los amigos de toda la vida, los sueños cumplidos. Los entrenamientos, las anécdotas, tantas sensaciones se esconden detrás de una simple pelota, que ¡claro! para el que no está son incomprensibles. Por eso mi viejo no entendía, el deporte puede ser algo transitorio, o para toda la vida, y el Handball para mi lo es.

La pasión no tiene fecha de vencimiento, hay un momento donde no se puede seguir jugando, eso está claro. El nuestro es un deporte de contacto y mucho desgaste, pero si fuera por mi jugaría para siempre. Algunos próceres pueden ponerse una fecha límite, como Andrés Kogovsek, que cumplió su sueño olímpico y dijo adiós a la selección, ¿quién no sueña con retirarse así? Pero nosotros, los simples mortales que no estamos tocados por la varita debemos aprovechar cada segundo de cancha, cada gota de sudor detrás de la número 3, porque esto es así, se siente o no se siente. ¿Hasta cuando? ¡Hasta siempre!

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