La empatía, del tobillo de Simonet a la cadera de doña Teresa

Recuerdo que sólo escuché hablar de la EMPATÍA a dos personas en mi vida, una mi madre una médica clínica que dejó su vida por los olvidados y los que menos tienen, una de esas personas que predican con el ejemplo, con ninguna ambición en la vida mas que ayudar a quien realmente lo necesita. Mientras otros facturaban con la medicina, recorrían el mundo o levantaban palacios cerca de nuestro barrio mi vieja se embarraba las zapatillas o salía a las 4 de la mañana para ver a un veterano de Malvinas en estado de depresión.

El otro disertante sobre la EMPATÍA que escuché fue el doctor René Favaloro, creador de la fundación que lleva su apellido, del bypass y un prócer de nuestro tiempo. Terminó con su vida trágicamente ante la imposibilidad de seguir adelante con su proyecto, sin embargo hoy su legado sobrevive y trasciende y su nombre es sinónimo de humildad, conocimiento, profesionalismo y humanidad.

A esta altura imagino que quieren saber que significa la EMPATÍA y a que viene todo esto en nuestro blog de Handball. Bien, vamos en orden: la empatía por definición es la capacidad de intuir o sentir lo que el otro puede sentir, pero en el sentido que lo cito habla de la capacidad de un profesional de establecer un lazo afectivo con el paciente, de escucharlo, de quererlo, de brindarle un espacio de contención más allá del diagnostico clínico. Hace algun tiempo descubrí que no sólo mi mamá y Favaloro predican con el ejemplo la empatía (seguro hay muchsimos más), también lo hace el Doctor Carlos Marino, traumatologo e integrante del cuerpo técnico de la Selección Argentina de Handball.

Si hablamos del Doc no podemos dejar de mencionar la milagrosa recuperación que llevó a cabo con el Chino Simonet, quien bajó del avión en muletas y unos días desués estaba tirando roscas y recibiendo el reloj Adidas de MVP, que luego le regaló al Doctor pues en palabras textuales de Diego Simonet “él fue el que me puso en la cancha”. Una historia similar ocurrió en el Panamericano de Chile, el comienzo de esta gesta de los Gladiadores. Juampi Fernandez llegaba más que justo con la lesión y los pronósticos eran pesimistas. Sin embargo, jugó y jugó muy bien. Cuando sonó la chicharra de la victoria sobre Brasil Juampi no abrazó ni a su hermano Fede ni a su papá Elio que estaba en la tribuna, salió corriendo a estrechar en un abrazo al Doc Marino, que también en tiempo record y rozando el milagro lo había puesto en el 40 x 20.

Hasta aquí uno podría pensar “que capo, un especialista en Alto Rendimiento”, también podríamos pensar que con la fama que cosechó abriría un consultorio particular en Recoleta (que no estaría mal). Sin embargo el Dr Marino sigue trabajando con dedicación y amor en el Hospital de Gral Rodriguez, donde se desempeña como jefe de traumatología. El Hospital es realmente conmovedor, funciona muy bien, pero como todos los sitios de salud pública en el conurbano funcionan a pulmón y por el esfuerzo de los profesionales y trabajadores que queman sus pestañas en ellos más que por el apoyo que reciben. Con carencias de insumos y afrontando situaciones tremendas a diario.

Es en este Hospital público donde Carlos atiende con la misma seriedad que le dedica al tobillo de Simonet a una señora con artrosis de cadera, esa señora que sabe que su problema ya no tiene vuelta atrás, pero se acerca a ese escritorio para que la escuchen, porque esa escucha, esa empatía, alivia sus dolores mucho más que un diclofenac o un antirreumático. La realidad es mucho más cruda en el Hospital, cuando ve a esos chicos que vienen con fracturas tremendas o problemas articulares indescifrables quizás no tenga el mismo reconocimiento que cuando recupera a un Gladiador en tiempo récord. Sin embargo el Doc nunca abandona su función social, está siempre y siempre con una sonrisa ¿cómo andas viejo? ¿Qué te anda pasando? inicia su consulta. Nada de mirar una placa con el ceño fruncido o revolear anti inflamatorios, siempre yendo al fondo de la cuestión y con calidez.

¿Cuánto vale que un tipo le dedique su conocimiento, su tiempo y su calidez de la misma forma a un atleta de alto rendimiento a una señora con carencias? Muchos dirán que nada, otros que es su trabajo, yo que soy hijo de una médica que dió su vida por los demás puedo decirles que VALE MUCHISIMO. No quedan tantos apasionados por la salud pública, no quedan muchos que le brinden su atención a los que no tienen nada, es por eso Doctor Carlos Marino que desde Pasión Handball nos permitimos este pequeño homenaje para usted, un verdadero Gladiador.

Bruno Ferrari

NdR: las fotos fueron extraídas de una red social y damos el crédito a Santiago Russo por las mismas, y al propio Doc.

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