¿Cuándo empezó todo a tener un precio? (*)

A quién no le gustaría pasar la primera semana de cada mes y retirar una jugosa suma de dinero en concepto de: “goles, fintas y pases” o “paradas”. Si no esa clásica foto en conferencia de prensa, con la camiseta y el presidente del club anunciando un traspaso al Handball europeo, para hacer historia y jugar la Champions League.

También cada vez que conversamos o exponemos sobre la realidad de nuestro deporte en Argentina, contrastando con otros lugares más desarrollados solemos decir “los jugadores pagan para jugar”, y eso sin duda es un aspecto a mejorar.

Pero la cuestión también tiene un trasfondo filosofico, justamente el termino amateur significa “que ama lo que hace”, y ¿cómo no definirnos como amateurs entonces? Pese a que quizás la cuestión de pagar mensualmente hace que no sea tan sencillo jugar al Handball por otro lado lo resignifica y le da un significado muy bonito, piensen “yo pago para jugar” o sea, me gusta tanto que hasta pago para ir y jugar.

Aclaro, oportunamente, a esta altura del post que no defiendo la no difusión, ni el elitisimo ni que sea sólo para los que puedan pagarlo. Recalco que en esas cuestiones debemos mejorar todos como deporte para poder llegar a todos lados, con un Handball accesible y no este que resulta tan caro de practicar.

Pero volvamos a lo filosofico, lo romántico del tema. Pensemos que nosotros no sólo invertimos nuestro tiempo y nuestras ganas, si no también pagamos, y lo hacemos convencidos de que estamos ayudando a nuestro club y sabiendo que de otra manera sería imposible que estemos en el 40 x 20.

Contrastando con esto cuando un jugador es profesional, o sea que le pagan por jugar, seguramente siga disfrutandolo, pero le guste o no pasa a ser una obligación. No está dentro de la cancha sólo porque le gusta, si no también porque su contrato así lo estipula. Hace un tiempo, cuando yo era más jóven y lo único que deseaba en mi vida era convertirme en jugador profesional, conversaba con una gloria de nuestro deporte y me decía: “Es muy lindo, pero no son todas rosas, cuando estás lastimado estás obligado a volver lo antes posible, si es un dolor hay que jugar igual, el rendimiento es indispensable y nadie te perdona nada”.

También recuerdo un documental sobre Mike Tyson, justo antes de su primera pelea profesional le comunican el fallecimiento de su padre, su entrenador de aquel entonces le dice, lejos de todos los manuales de psicología, “ahora sos profesional, y eso significa que tenés que pelear siempre, todos los días, no hay descanso ni excepciones”

Sin ser tan lapidarios, ni creer que se profesional no está bueno lo que también es cierto es que lo que los medios generalmente no muestran es el sacrificio, lo duro de los entrenamientos, los doble turno, lo lejos que se está de la casa, etc. Nos venden un cuento de hadas, pero en realidad detrás hay mucho más. Nosotros vemos a los hermanos Simonet romperla en la final de la Copa de Francia, pero ¿sabemos cómo está el hombro de Seba? ¿El sacrificio que hace para estar ahí adentro? Leemos “Diego Simonet se lesionó el tobillo, estará de baja 8 semanas” y listo, esperamos las 8 semanas para que nos vuelva a deleitar con su magia, pero ni nos podemos imaginar lo que le duele, lo que le impide hacer vida normal y lo duro que es psicologicamente.

Ser deportista es lo realmente hermoso, nos puede tocar ser amateur o ser profesional, o muy afortunadamente ambos, haber probado la experiencia. Lo que es seguro es que pagar la cuota del club no sólo es economico, es todo un gesto, un estilo de vida. A mi me gusta tanto que pagaría por jugar, pagaría lo máximo que yo pueda pagar para poder estar cada fin de semana en la cancha, con mis amigos y mi familia acompañandome. Al fin y al cabo eso es justamente lo que no tiene precio.

(*) extraído de la bellísima canción del compositor mejicano Alejandro Filio, “Un precio”

 

Bruno Ferrari

Papá baboso, esposo enamorado, extremo derecho y entrenador de Handball. Disfruto mi familia y mi trabajo. Enfermo del Balonmano

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