Un cuarto de frutilla

mini1¿Cómo te fue en la escuela Fran? Los padres tenemos esa manía de indagar sobre la jornada escolar como si el mundo pudiese cambiar en esas 4 o 5 horas, y en general ningún chico se extiende de un “bien ma”. Sin embargo la respuesta de Francisco ese día fue diferente “estuvo buenísimo ma, jugamos al Handball” (por supuesto que ese primer encuentro se pronuncia jambol). Claudia, la mamá de Fran, se mostró sorprendida “¿si? ¡Qúe bueno! ¡Yo jugué en la escuela secundaria!, ¿te gustó?” y se dio una charla bastante inusual para esos almuerzos un tanto solitarios, Fran le contó de la defensa individual, que se podía picar la pelota pero que Jorge el profe siempre les decía que hay q pasársela al que está solo y hasta le contó que metió un gol de “picada” porque Juampi le había salido a achicar.

Durante esos martes y jueves de Educación Física los intercambios sobre las bondades del Handball se repitieron sistemáticamente, pero un día vino la mala noticia de que el profe Jorge terminaba su suplencia y volvía Omar con su “delegado para siempre”. Entonces Claudia lo tuvo clarísimo, después del Nesquick le dijo a Fran, ponete la remera pichi, que nos vamos ¿A dónde? Fran no tenía ganas, hacía calor y estaba jugando en red con Juampi, vamos hasta el Deportivo Mataderos, que tienen Handball. El joystick voló cual pajarito, Fran agarró lo primero que encontró y salieron. “Vos me dijiste que el club es muy lejos y que como Papá trabaja no me puede venir a buscar” “ya nos vamos a arreglar” contestó la madre con esa sonrisa que puede solucionar cualquier problema del planeta.

Llegaron 5 y cuarto, en el playón había algunos nenes y otros iban llegando. Norma de la comisión se acercó a recibirlos. Claudia le explicó que Fran tenía 11 años, que había jugado en el colegio. En ese momento llegó Esteban, el profe de los infantiles, los chicos corrieron como si fuera un carrito de helados, después de darles un beso a cada uno se acercó a Norma y a Claudia, “Fran tiene 11, ¿es infantil no?” Si señor, respondió con una sonrisa el Profe, y sin dejarlo respirar le dijo “vení y agarra una pelota”, afortunadamente Claudia había insistido en que lleve zapatillas, no para entrenar pero si porque había que tomar dos colectivos y caminar unas cuadras.

Claudia no lo podía creer, antes de saber que días entrenaban y cuánto costaba la cuota su hijo ya estaba pasando la pelota con dos nenes que lo habían saludado amigablemente.

Era lejos, a Claudia no le sobraba nada, sin embargo fueron durante todos los miércoles y viernes al club, y un miércoles a la noche Fran le contó mientras ella hacía milanesas que el profe le había pedido 2 fotos y le habían dado un cartoncito para “afederarse” (sic). ¡Qué bueno Fran! ¡Felicitaciones hijo! Por dentro sabía que ir al club era una cosa, y empezar a jugar acá y allá era bien diferente, pero era conciente de que nunca antes en esos 11 años había visto a Francisco tan contento y tan motivado.

Llegó el carnet y llegó el primer sábado, el partido era a las 10.30, el profe les había dicho mex1a las 10 con la camiseta, Francisco se despertó a las 7, se hizo un nesquick y le preparó el mate a su mamá. Claudia no podía creer como de aquel remolón que salía de la cama a las 11 de la mañana y había que rogarle que desayune algo ahora tenía a este pibe que la despertaba “perdón mami, es temprano, pero no vayamos a llegar tarde el primer día”.

Claudia realmente desconocía el ambiente del club, no sabía como era, ni como se manejaba. Se imaginaba que hoy Fran no iba a jugar, que era el primer partido y seguramente los otros nenes estarían mucho mejor. Además Fran le contaba en el colectivo que esos de Gimnasia y Esgrima de Liniers eran buenísimos, porque le había contado Joaquín. Llegaron 9.30, ya había varios papás armando las redes y el buffet. Todos los saludaban con una sonrisa.

Arrancó el partido y Claudia no podía creer que a los 10 minutos Francisco había entrado a jugar ¿pero cómo? ¡si van perdiendo! ¿No debería poner a “los buenos”? Fran no sólo estaba en cancha si no que sus compañeros le pasaban la pelota y lo llamaban por su nombre, Fran salió para que entre Joaquín los últimos 3 minutos. Después de un primer tiempo muy intenso cambiaron de lado, el segundo tiempo Fran saludaba a la mamá desde el banco, estaba feliz, Claudia también. Entró cuando quedaban 10, y en una jugada un poco confusa desde la derecha sacó un gran lanzamiento que pasó por arriba del arquero y se clavó al ángulo, lo gritó todo el club, debut con gol!!!! Fran estaba feliz, Claudia hacía fuerzas para no llorar. Terminó el partido, perdieron por 15, pero fueron a saludar como si hubieran ganado por 30, hicieron el hurra como si hubieran salido campeones.

Volvieron en colectivo y se bajaron una parada antes, a tomar un helado para festejar aquel golazo. Claudia esperó afuera y le dio la plata, le llamó la atención que Fran no viniera con el típico cucurucho de chocolate y dulce leche granizado, salió con un cuarto de dulce de leche y frutilla, (el gusto preferido de mamá), “mirá mamá para compartir, porque yo metí el gol, pero si vos no me hubieras traído hace dos meses yo ahora estaría aburrido con la play”. Y las lagrimas de Claudia ahí si fueron incontenibles.

Papá baboso, esposo enamorado, extremo derecho y entrenador de Handball. Disfruto mi familia y mi trabajo. Enfermo del Balonmano.
Máster en horno de barro y parrilla.

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