La Mejor Compañera

luliEl Profe les explicaba que en la fiesta de fin de año se entregan 2 premios por categoría, “Mejor Jugador” y “Mejor Compañero”, y les decía que el de mejor compañero era el más importante porque a jugar se puede aprender, o ser mejor o peor, pero ser buen compañero, ser buena persona con los demás es lo que realmente importa en la vida más allá del deporte.

Por eso cuando Mili escuchó su nombre no lo podía creer, estaba súper feliz …”y en Menores Damas el premio a la Mejor Compañero es para Milagros Barachet”… No podía más de felicidad y la sonrisa no le entraba en la cara. Mili jugaba desde los 10 años en el club, le decían zurdita cariñosamente por su mano hábil, se llevaba bárbaro con sus compañeros y era muy feliz en su querida Sociedad de Fomento Villa Flores.

Había sido un año lindo, salieron terceras y el entrenador decían que este año en Cadetas les iba a ir todavía mejor, porque se juntaban con Valentina, Estefanía y Luli que andaban muy bien. Por supuesto que en las vacaciones Mili estaba con sus compañeras del colegio, en la pile y se juntaban a ya soñar con sus 15, ella no quería la fiesta, siempre le pareció demasiada plata injustificada.

Pero terminando el verano la mamá la llevó al club Obras Sanitarias, ella no sabía bien por qué, pero sabía que tenían un equipazo de Handball ahí, su profe siempre lo usaba como referencia cuando les contaba “porque si esto fuera Obras seguramente habría 50 pelotas”, “Obras sale campeón todos los años” y otras cosas que a ella le llamaban la atención. Mili se sentía como un pececito en el océano, y cuando su mamá llego a la cancha de parquet del club la presentó “Esta es mi hija, te comenté que era zurda, es muy buena”, hablaron con el entrenador un rato y Mili no terminaba de entender que pasaba, ese día no entrenó pero en el viaje de vuelta se propuso charlar con su mamá.

La madre le dijo que si quería tener un futuro en el deporte debía jugar en Obras, que Las Flores estaba muy bien para empezar y divertirse, pero nunca llegarían a nada y no se cuantas cosas más de la infraestructura (palabra que desconocía) y dijo algo de la Selección Nacional también, pero Mili ya no prestaba tanta atención porque parecía una decisión tomada.

Arrancaron las clases y los entrenamientos, sus compañeras le mandaron mil mensajes, Mili moría de vergüenza, sin embargo juntó valor y fue respondiendo “Chicas me voy a jugar a Obras, igualmente siempre seremos amigas y cuando puedas las voy a ver”. Sus amigas no lo podían creer, la querían mucho y la iban a extrañar.

En Obras tenían dos canchas, el primer día notó que eran más de 30 cadetas, había muchas pelotas si, pero se le hacía difícil cruzar palabras con las chicas, se sentíakukulluga asfixiada. La madre la acompañaba y la alentaba, ella sonreía todo lo que podía, de esas sonrisas con la boca cerrada. Salir e ir a Mc Donalds no era lo mismo que el buffet de Pancho en Las Flores, siempre decían que había que cambiarlo, reformarlo, ampliarlo, pero nunca se había dado cuenta de lo lindo que era tomarse una coca mientras Pancho le decía “Y Zurdita, ¿como anduvo hoy? Ojo que te quiere el Real Madrid”, Ni Mili ni Pancho sabían que el equipo merengue no tenía Handball, pero habían compartido 5 años juntos y sabían que era un gran elogio.

El primer partido Mili descubrió que había 5 zurdas, ella era le sexta, por ende nadie le diría “Zurdita” porque se darían vuelta todas, y como también la arquera se llamaba Milagros algunas le decían Barachet, como la de historia en el colegio.

Se venía el torneo y todas hablaban de A y B, ella sabía que Obras estaba en la A desde siempre y que eran campeonas, por eso no entendía no de la B, en la B estaba Las Flores sin muchas chances de subir. El viernes el entrenador dio dos listas, Milagros fue al B, junto con otras dos zurdas más. Terminó jugando poco, casi nada, ya no la pasaba tan bien con el Handball, no le gustaba que le digan Barachet, y tampoco sabía jugar de lateral, ella era extremo y andaba bien con eso.

Llegando la mitad del año se cansó, le dijo a la mamá que no quería ir más a Obras, que quería volverse a Las Flores, su mamá volvió a la carga diciendo lo de la Selección “¿Qué Selección Mamá, si juego en la C? Yo no quiero jugar en la Selección, quiero jugar con mis amigas”.

Mili no pudo volver, sólo se puede hacer un pase por año, cuando volvió se enteró de la muerte de Pancho, fue tremendo, ella no estaba y no se había podido despedir. Paloma tampoco estaba yendo, y Valentina se había ido a vivir al sur por el trabajo del padre. Sentía que no era lo mismo, que algo se había roto, ni se acordaba como se sentía ese día que había sido la mejor compañera.

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