El asado de los viernes

picaditaMasticando rápidamente Alejandro gritó
– Pará Para, la mejor de todas fue la del gordo en La Plata, jajaja
– ¿Cuál? respondió Pablito mientras armaba un chori
– Cuando colgó a uno de atrás y el árbitro le sacó la roja, iban 10 minutos y el gordo caradura le tiró “no me podés echar, me vengo de Liniers”

Estalló la risa general, como siempre. Los chori estaban excelentes y encima el olorcito de la Bondiola macerada con miel y cerveza que hacía Silvio avisaba que lo mejor todavía estaba por venir.

Como siempre el Chinito se sentaba al lado de Rodo, que había jugado 3 mundiales y tenía miles de anécdotas. El Mundial de Japón, el de Egipto y el de Francia, siempre Rodo salía con alguna nueva que era el deleite de los más chicos, les brillaban los ojos cuando lo escuchaban decir “Si, Richardson era una bestia” y también morían de risa cuando agregaba “pero no me pudo pasar ni una vez”, y cuando el Gordo maliciosamente del otro lado le retrucaba “porque no jugaste un minuto, muerrrrto”. Un mar de risas inundaba el buffet, algunos se daban vuelta para mirar con una sonrisa.
El asado de los viernes era todo un clásico, impostergable. Había arrancado hace mucho, el abuelo de Juanchi dice que fue él quien lo propuso por primera vez, por supuesto que el Gordo le decía “ah pero pará Handball de 11 no cuenta eh”, decí que Roberto tenía buen humor y sonreía. Durante mucho tiempo se dejó de hacer, pero luego cuando llegó Javier de entrenador quedó de forma obligatoria, los segundos viernes de cada mes se comía asado en el buffet del club. El segundo viernes para asegurar que todos hayan cobrado en el trabajo y no falte nadie, al principio fue complicado, el concesionario anterior del buffet no lo quería hacer y con desgano les prestaba la parrilla no sin recordarles que entorpecían las ventas y que se yo. Pero desde que Silvio agarró el buffet no sólo hace el asado como los dioses, si no que para él también es un evento importante. Desde el año pasado Silvio se ocupa de comprar todo y atiende a los muchachos como si fueran sus hijos. Manuel que venía de jugar en España siempre le dice “¡en ningún club del mundo te tratan como nos tratas vos genio!”

El Cholo venía de ducharse y como siempre tenía el teléfono en la mano, infaltablemente llovían las cargadas “decile a tu señora que te deje quedar”, ni una sonrisa, al Cholo no le gustaba que lo carguen mucho con eso, en el fondo había algo de cierto.

Las anécdotas iban y venían, en algún momento los muchachos se pusieron serios para contar del papá de Marcela, que estaba enfermo, que encima en la casa no había un mango. Así que en ese momento se pusieron a pensar en que evento podían realizar para juntar algo de plata para el tratamiento. En principio los dos equipos de mayores iban a poner una suma fija cada una, y en 15 días armarían un baile o una kermés para juntar todo lo que se pueda. Manuel y el Chino eran profes así que como siempre se encargaban de eso.

asaditoMientras llegaba la bondiola la cosa volvía a tomar color, se hablaba de la tabla, de si este año estaban para salir campeones “con vos no, horrible” acotaba el gordo, al que ya le empezaban a llover bollitos de servilleta. Era complicado hablar en serio de esos temas, pero cuando Rodo o Manu encaraban serios todos se sumaban. Estaba claro que el rival de ese año era Atlético Liniers, habían vuelto Fernández y Rusket de Europa y tenía 3 juniors en la selección, además el Chapa en el arco era una garantía.
– Encima nos toca allá, esa cancha es una caja de fósforos, protestaba el enano que tenía poco lugar en el extremo.
– A vos igual no te la vamos a pasar, contestó el Cholo, jajaja
– Ahí si no defendemos vamos muertos, y si le pegamos a Chapa peor, acotó con seriedad Rodo.
– Hoy lo vimos en el video, son rápidos y las combinaciones efectivas dijo Javier, que desde que había agarrado el equipo sólo le habían robado un empate a Atlético y tenía una espina clavada terrible.
– No es imposible, acotó Fernando con su optimismo a flor de piel.
Silvio y Alberto, el presidente de la comisión, eran los únicos que podían tomar alcohol. El equipo se repartía entre gaseosas y agua, la prohibición del alcohol no había caído bien al principio, pero como fue Rodo el que lo propuso todos lo aceptaron, además desde que habían ascendido hace dos años ya no se podía regalar nada. Antes cuando se jugaba los domingos y tenían todo el sábado en medio los muchachos tomaban cerveza y fernet, incluso Javier, pero ahora no. Era también un buen mensaje para los más chicos, que con eso de las “previas” a veces llegaban a sus partidos de juniors destrozados. El tema del alcohol era tomado en serio en el club, había charlas periódicas de los entrenadores con sus equipos y la semana pasada Ana, la novia de Manuel, que es médica fue al club a charlar con los cadetes, juveniles y juniors sobre el tema de las adicciones y de como cuidarse para ser un deportista y estar bien.

La cosa siempre volvía “para el lado de los tomates” como decía Silvio.
– Pero callate caradura, si nunca me atajaste una!!!! Le decía el Cholo a Fernando, que le decía que estaba tirando más despacio.
– ¿Cómo no? Si el buzo anterior lo tuve que cambiar porque estaba lleno de dulce de leche de las masitas que tirás.
Había que reconocer que Fernando era creativo, un tipo alegre, que siempre sumaba y aportaba. De esos arqueros que jamás te van a echar la culpa aunque te mandes una macana que cueste un gol, un tipo entrañable.
– Al final las minas discuten menos que ustedes, les dice Silvio. Las chicas también se quedaban, no fijo pero armaban seguido alguna cena, variaban en el menú y Silvio siempre las malcriaba con alguna salsa exótica para unos ricos ravioles, o les amasaba unas pizzas que eran una delicia.
– “Casate conmigo Silvio” dale, le decía el gordo.
– Ni eso lo deja hacer la señora, lo cargaba Manuel. Todos morían de risa.

– Llegó tu viejo Chinito, le avisó Fernando.

– Dale Ariel, que son las 3 de la mañana viejo ¿te pensás que soy un taxi?
– Perdoname viejo, no me di cuenta de la hora
– Pero no puede ser, 3 de la mañana ¿Qué hacen hasta esta hora?
– Yo que, se cuentan historias los grandes, me hacen reír.
– Pero si siempre cuentan las mismas che, ¿no se aburren?
– Las mismas no, pero que se yo. Si fueran las mismas igual me quedaría, la verdad que la pasamos mil puntos
– Tenés razón, yo me cabreo porque en realidad me gustaría estar a mi en el club. Esto es lo lindo del deporte.

Mientras le acaricibia la cabeza Ariel le contó, pero pará, pará, no sabés la que contó Chiche recién, dicen que una vez se olvidó las zapatillas, y tuvo que jugar con los kickers del colegio, jajaja, el Gordo le decía que parecía el ratón Mickey, o Michael Jackson, porque encima tenía medias blancas.
Los dos se fueron riendo en el auto, al otro día el micro de los Junior salía temprano, pero una vez la magia del asado valía acostarse tarde.

Bruno Ferrari

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