Nostalgia balcánica

1croEn el momento exacto en el que el extremo le pasa al pivote directo y sin mirar fue como un flechazo en mi corazón. Los croatas habían llevado eso de «pasarle al compañero no colindante» que tanto pregonan los textos españoles al máximo nivel, y con un toque de magia fundamental para el deporte.
En aquel partido Croacia se consagraría campeón olímpico de los Juegos de Atlanta 1996 derrotando nada menos que a Suecia, esa generación dorada que curiosamente nunca pudo hacerse con un oro olímpico.

En aquella época los videos eran VHS y no existía ni internet y por ende mucho menos las redes sociales, la información era más esquiva y había que bucear durante horas para conocer movimientos, nombres y cuestiones relacionadas al Handball. El gran Luis Miguel López fue un maestro para todos nosotros, era u clásico levantarse temprano los fines de semana para poder «pescar» en TVE algunas de sus sensacionales transmisiones, Dujshebaev, Iakimovic y Chepkin nos hacían las delicias de las madrugadas mientras nuestros padres no entendían como en lugar de estar viendo a Burruchaga o Chilavert nos enloquecíamos con un relato de «a la madera».

1cro1Como no siempre se podían ver los partidos la alternativa que encontrábamos los freaks como yo era grabarlos y verlos una y otra vez. Aquella final de Atlanta la vi hasta el punto que sabía exactamente lo que iba pasar, una ridiculez. Sin embargo me sentía enamorado de ese handball croata, de como una selección practicamente «nueva» daba un golpe de escena nada menos que ante Suecia, pero fundamentalmente por el juego, por la calidad individual de jugadores como aquel extremo Smailajic capaza de pasarle desde el cajón la pelota al pivote sin mirar, o de meterle una tendida y una contra rosca al primer palo al mismisimo Svensson en una final olímpica (lo escribo y me vuelvo loco). El sensacional Patrick Cavar, que jugaba de cualquier cosa y del que pudimos disfrutar un poco más una vez que pasó al Dream Team del Barcelona. Los lanzamientos de Perkovac o Saracevic, la verticalidad de Goluza, las paradas de Matosevic y el juego rudo pero efectivo de Jovic. Todo formaba una sinfonía espectacular, Croacia lograba llevar el Handball a una dimensión superior, con continuidad en el juego, cruces espontáneos y una movilidad de pelota inusual para la época.
La defensa era una maravilla, jugadores que salían a tomar a 10 metros y luego llegaban a cortar una línea de pase en la misma acción, anticipaciones, disuasiones y la rudeza cuando era necesario, siempre un paso adelante haciendo de eso de «la mejor defensa es un buen ataque» todo un culto.

La duda sobre si se podría jugar mejor que eso se disipó rapidamente, cuando llegó el recambio de aquella generación lejos de caer el rendimiento (como 1ivanoocurrió con selecciones como Rusia o Alemania) la cosa fue mejor. Si en el 96 jugaban bien ahora volaban, con un juego en ataque que incluía dos flys por partido, la magia de Dzomba desde el extremo derecho y el desequilibrio sensacional en el 1vs1 de Lackovic y Metlicic, todo conducido por el genio de Ivano «Maravilla» Balic. Al mando de Lino Cervar al que el mundo del Handball bautizó «Woody Allen» Croacia ganó el Mundial de Portugal 2003, donde curiosamente fue derrotado por Argentina, y el oro olímpico nuevamente en Atenas 2004.

Las cosas que hacía Ivano Balic deslumbraban al mundo entero, en una época de modernidad y pragmatismo donde muchos centrales jugaban «de manual» este autentico genio tiraba roscas aéreas, lanzaba con efecto desde 9 metros, metía goles de espaldas y era capaz de asistir a cualquiera de sus 5 compañeros con un sólo golpe de muñeca, estábamos ante Maradona, Pelé o Messi, un jugador con un desequilibrio que sólo le habíamos visto a Dujshebaev.
Y como si esto fuera poco comenzaba a asomar un jovencito en Zagreb llamado Domagoj Duvjnak, llamado a ser el reemplazante de Balic, con menos magia pero más verticalidad, una capacidad de gol poco vista en un central, un talento natural.

Y justo cuando comenzábamos a preguntarnos quien podría derrotar a Croacia alguna vez, con ese talento, ese juego y ese recambio, la llama comenzó a extinguirse. Fue bajo la conducción de Goluza (quien había sido un sensacional jugador) que el juego fue mutando, talento por pragmatismo, calidad por roce y físico por cualidad técnica.
La defensa dejó de ser una innovación táctica para convertirse en un compacto y rocoso 6:0, con grande jugadores como Gojun o Kopjlar, pero aquel Vori flotando en 11 metros no se vio más. El estilo de defender duro y correr dejaba de ser una de las marcas de la casa para ser la única. En el ataque muchas veces se jugaba a «dásela a Duvjnak», de hecho y sin faltarle el respeto a nadie en el Mundial de Qatar los croatas no jugaron a mucho más que a eso.
Partiendo de la premisa cierta de que a muchos europeos la defensa abierta los complica se llegó a la conclusión falsa de que Croacia ganó con lo justo a Brasil por falta de costumbre, dos cosas 1) Que Brasil defiende abierto se sabe hace dos años, faltó preparación 2) la calidad individual de los jugadores sumada a un planteo inteligente puede romper perfectamente esa defensa brasilera. A Croacia le faltaron ideas, se repitió en el 1vs1, no jugó entre líneas y no tenía preparadas transformaciones para romper el sistema. Fue gracias a la astucia de Karacic que se llevaron el partido y por qué no, con alguno fallo controversial sobre el final.

Bajo el mando de Goluza el equipo croata pasó de ser una escuela mundial de Handball a un equipo del montón, en los primeros planos por supuesto, pero con nada nuevo bajo el sol y en muchas oportunidades fuera de la lucha por las medallas. Ahora se fue el entrenador, se retira Balic ¿volverá la magia? Esperemos que si.

Bruno Ferrari

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