El embajador

Algunos desmemoriados creerán que todo esto empezó ayer, o el año pasado, o cuando Diego llegó a Montpellier. Sin embargo no es así, la historia se remonta varios años atrás. Para poder comprender esta realidad debemos retroceder, recordar y repasar anécdotas y situaciones que hacen a este presente, una consecuencia de una ideología que pese a un tremendo traspié es hoy una realidad incontrastable.

Montpellier fue campeón de la Champions League en la temporada 2002/03, en aquella temporada y en medio de la gloria absoluta de la Asobal y la Bundesliga los franceses pudieron “colar” su equipo emblema, y digo equipo emblema porque en aquella época la LNH no era ni por asomo esto que han construido los últimos años. Era una liga absolutamente dominada por Montpellier, esas ligas “mono equipo” donde se concentran los mejores que no juegan en el exterior y los mejores extranjeros, (lo que sucede hoy día con Veszprem, Barcelona, Kielce, Vardar), es decir un equipo armado para la competencia continental y que no tenía demasiados sobresaltos en la competencia doméstica. ¿Pero cómo logró el equipo galo superar a las potencias europeas? Coincidieron algunos buenos extranjeros como Bojinovic en su mejor momento, y una camada de jugadores que luego haría historia con Les Experts, jóvenes como Guigou, Omeyer y Karabatic y otros con algo más de experiencia como Dinart y Anquetyl y también, hay que decirlo, un buen arbitraje localista en el partido de vuelta ya que en aquellos años no existía el formato Final Four. En el perdedor, Portland San Antonio de Pamplona jugaba nada menos que Jackson Richardson, ícono del balonmano galo, Vladimir Rivero, la bestia cubana del arco y Mateo Garralda, actual entrenador de Chile.

Luego de aquella gesta Karabatic y Omeyer emigraron a Kiel, donde ganarían otra Champions y se cosolidarían como figuras del emblemático equipo alemán.
Pero el proyecto Les Experts era un éxito, y los dirigentes franceses sabían cual era el próximo paso. Enmarcado en esta situación y quizás por influencia familiar, Karabatic decidió retornar a lo que en aquel entonces aún era la Aglomeración de Montpellier en 2009, y se trajo con él al prometedor Katvicnik, también jugador de las zebras.
El equipo realizó una gran temporada y el slogan de 2010 era “a la conquista de Europa”, pero increiblemente cayeron en octavos de final y por penales ante los osos de Chekhovskie donde jugaba un jóven Timur Dibirov. Luego, tras un gran 2012 a nivel deportivo,  la historia es menos feliz y menos deportiva, el incidente de las apuestas ilegales mancha a Montpellier y opaca a la institución, Karabatic debe emigrar y el Barcelona, utilizando la misma política que con Luis Suarez, lo aceptó con las manos abiertas. El uruguayo venía de ser suspendido por la mordida en el mundial y cuando la prensa global lo condenaba y señalaba con el dedo los catalanes le ofrecieron asilo, fichándolo por menos dinero seguramente que previo al incidente. Con Karabatic igual, en la cumbre de su popularidad y siendo considerado el mejor jugador de la historia quedó envuelto en un escándalo que nunca terminó de aclararse, sin embargo el exilio en Cataluña le permitó reconstruirse como jugador y tras algunos años el publico lo perdonó y ganó una Champions también, como al pasar.

Para Montpellier no fue fácil, no sólo se desarmó el equipo, si no que PSG pasó de ser un equipo casi descendido, a el de mayor presupuesto mundial de la mano de los petrodolares de algún magnate de medio oriente. Fue en ese momento donde el club debió resetearse, ya no era el líder ni el equipo más fuerte, no tenía presupuesto para luchar contra el equipo de la capital y como si esto fuera poco la LNH crecía y los demás equipos también, Nantes fichaba bien y se metía en EHF Cup, Dunkerqué y Chamberý dejaban de ser minoritarios para crecer y cada equipo iba trayendo alguno de los franceses que estaban afuera.
El comandante Canayer elaboró una estrategia clara, jugadores jóvenes y que jueguen bien, podrían ser de países ignotos handbolisticamente, como Lituania o inlcuso Argentina.

El indicado para llevar el proceso desde adentro era un pibe argentino, que en la final de la Copa de la Liga con el Ivry les había pintado la cara a todos. En base a “Diegó” el proyecto de Montpellier fue creciendo, con jóvenes figuras como Dolenec, Gajic, Bonnefond, Grebille y más fue construyendo a lo largo de estos años una identidad de juego. El MHB puede ganar o perder, pero siempre propone jugar bien, continuidad, resolución de problemas, colaboraciones defensivas y un juego vistoso y agradable de ver. El plantel se fue renovando pero siempre manteniendo la línea y la politica, se fue Dolenec pero llegó Richardson, Grebille sigue con mala suerte con las lesiones pero el lituano Truchanovicius nos deslumbra a todos, y ni hablar de Ludovic Fabregás que es de las apariciones mas rutilantes del Handball mundial y ya está fichado para emigrar a Barcelona.

El conjunto de Canayer llegó a la Final Four tras ganar su grupo D, el de los “menos populares” pero más duros encuentros, cruzó con el Ademar de los argentinos en octavos donde se dió el histórico cruce entre los hermanos Simonet y luego dio el gran golpe sacando a Barcelona. Lo de Flensburg es hisotria reciente y conocida, empate como visita en una cancha durísima y barrida como local, ahora toca Colonia, y todo puede pasar.

No tenemos duda de que Montpellier es el resultado de una filosofía y un proyecto, y que Diego Simonet es el embajador perfecto para eso.

Bruno Ferrari

Papá baboso, esposo enamorado, extremo derecho y entrenador de Handball. Disfruto mi familia y mi trabajo. Enfermo del Balonmano.
Máster en horno de barro y parrilla.

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