Vení, vení, soñá conmigo

38 grados a la sombra, dos de la tarde, muy difícil elaborar un plan por estas latitudes. Sin embargo muchísima gente se sentó delante de la televisión o buscó un link para ver a Los Gladiadores, aunque el relato fuese en árabe, aunque no se terminara de ver del todo bien, pero el público del handball argentino se dispuso a disfrutar del partido Argentina – Croacia con una ilusión: ganarle a los balcánicos. Todavía cuesta hasta escribirlo, ¿cómo le vas a ganar a Croacia si son esas bestias que vemos por la Champions o que llegaron a la final del último europeo? Pero una vez más este equipo te invita a soñar.

 

El equipo de Manolo Cadenas llegaba tras superar con mucha autoridad a Japón, y si bien los asiáticos son un rival duro y que había cosechado grandes actuaciones esto era otra cosa. Argentina una vez le había ganado a Croacia, allá por el 2003 cuando Cristian Canzoniero le paró a Dzomba la última pelota figurará por siempre en la retina y en la memoria de nuestros corazones. Pero bueno, hay cosas que pasan una sola vez en la vida, asique nos dispusimos a ver el partido con confianza, pero sabiendo que decir abiertamente que le podíamos ganar al equipo de Duvjank era un poco una locura.

El día arrancó con la mala noticia de que Pablo Simonet no sería de la partida, afectado por un virus estomacal que tocó a varios jugadores de varias delegaciones, sumado a que Diego está entre algodones y que muchos jugadores arrastran molestias y golpes. El contexto invitaba a ser cauto.

Cuando el partido se puso 5-0 todos entendimos que sería una cuestión momentánea, que Croacia en cualquier tramo metería un buen parcial y el partido se emparejaría. Sin embargo, esto no ocurrió automáticamente, para poder nivel los tantos Cervar tuvo que Sacar a Cupic y a Duvjnak a la cancha, promediando la primera mitad el partido era parejo pero Argentina mantenía la ventaja.
Recuerdo con claridad un imagen donde Lucas Moscariello toma y sujeta con fuerza al pivote croata quien lo superaba en kilos y centimetros, en ese mismo momento llegó el Colo Vainstein y quemando todos los libros sobre defensa empujó con una mano a su compañero y con otra al pivote y entre los dos expulsaron al croata de los 9 metros, eso prendió la alarma, me llamó la atención, dije «estos están locos, le quieren ganar a Croacia»

¿Qué hubiese pasado si Argentina se iba del mundial cosechando solamente dos victorias contra Bahrein y Congo? Bueno, nos hubiéramos quedado con un mal sabor de boca, claro. Pero tampoco se puede decir que era un mal mundial, los Gladiadores nunca habían ganado en la Main Round y para un equipo no europeo meterse entre los 12, entre los 10 o entre los 8 es un privilegio que roza lo extraordinario.

 

Muy temprano llegó la segunda exclusión para Mosca y pensamos que teníamos problemas, y en ese momento Gonzalo Carou demostró que no está solamente para romper récords o para inspirar a los demás, «Ciro» entró muy bien en defensa y hasta aportó ese gol que gritamos con los puños apretados y compartiendo la ilusión del capitán que jugó su mundial número 11 como si fuera el primero. Pero otra vez el partido nos volvía a golpear, una roja que no fue nos dejaba sin nuestro capitán, y Mosca volvía a defender con el temor de que con una nueva exclusión vería la roja. Nunca sucedió.

Costaba encontrar una figura en ataque, el partido anterior Pizarro anotaba 10 goles en la primera mitad, pero acá estaba todo tan repartido como medido. Sebastián Simonet jugaba con una tranquilidad que exasperaba ¿cómo puede ser que no esté nervioso? ¿que no se equivoque? ¿cómo te vas a retirar si podés jugar 10 años más? Los croatas habían montado un dispositivo defensivo con una premisa clara, no permitir que Diego Simonet pueda finalizar o tener espacios, y por algo el Montpellier armó todo su proyecto en base al Chino, jugó un partido brillante, manejando los tiempos del partido como un experto y soltando la bola cada vez que juntaba gente, su capacidad de jugar con el pivote es extraordinaria y por eso en el 2vs2 nacerán muchas de nuestras alegrías.
La defensa sumada a la enorme actuación de Leo Maciel hacía que Croacia no termine nunca de convencer, y conforme corrían los minutos las sonrisas nerviosas de los espectadores comenzaban a crecer… che ¿le podemos ganar a estos tipos?

Maciel no solo para, también te exaspera y te desmoraliza, a esos jugadores que vemos volar y hacer magia los vimos frustrarse, chocarse una y otra vez con la humanidad de Leo, un pibe sencillo que nos contó que cuando ganaban por mucho su mamá se ponía mal por el rival. En ese contexto se formó este animal del arco, cuyo gran éxito es estar siempre donde tiene que estar, quizás no lo vayas a ver volando como un loco, saltando con una figura excelsa, pero los números de Leo hablan por si solos, y las caras de los rivales mucho más.

Después del entretiempo lo que parecía una quimera iba tomando tintes de realidad, el reloj avanzaba y los croatas miraban al banco buscando respuesta, las que Cervar no podía dar y sus jugadores de Champions League tampoco. Ayer cuando hablábamos con Juan Bar utilizó una palabra que me parece muy acertada «sometimiento», los Gladiadores sometieron en defensa a los croatas de una forma tal que parecía que jugaron mal, pero no fue así, Argentina fue maravilloso y demostró una vez más que este deporte no es fútbol con la mano, es ajedrez con pelota. Manolo Cadenas como un gran maestro estuvo siempre dos o tres movimientos adelante del entrenador croata campeón olímpico, y cuando este jugó su última carta: la de jugar con 7, Argentina no sólo lo controló si no que le metió 3 goles de arco a arco, y ahí estuvo, ahí todos vimos la luz al final del túnel. Estaba a dos metros de mi amigo para respetar el DISPO, no podía pegarle ni abrazarlo, pero le dije «che, ya no podemos perder este partido» me miró y me dijo una sola palabra «INCREÍBLE».

Y claro, es increíble. Argentina llegaba a 6 puntos en la Main Round y cuando vos repasas los resultados y posiciones aparece la bandera celeste y blanca entre los que pueden pasar a cuartos de final y no podés no emocionarte. Nosotros que jugamos en canchas descubiertas o de piso duro, que nos pagamos hasta la tela adhesiva estamos ahí de tú a tú disputándoles un lugar a los mejores del mundo, porque este equipo dejó algo claro, a la cancha entran 16, pero nos representan a todos. Cuando estos Gladiadores se ponen la celeste y blanca lo que menos importa es el resultado, la actitud y la entrega no se se negocian, y por eso nos golpeamos el pecho con orgullo. Ahora viene Qatar, es difícil, pero no importa, venía a soñar conmigo.

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