Gracias totales

Los partidos entre Argentina y Brasil son siempre especiales, no importa si unos tienen un pie en los Juegos Olímpicos u otros están preparando la próxima cita olímpica dentro de 4 años, cuando suena el silbato queda todo de lado y la batalla comienza.

Fue un partido vibrante con muchos idas y vueltas, como gran final díficil de jugar y con indefinición hasta el final. Argentina consiguió una sufrida victoria por 22 a 21 ante un equipo brasilero que mostró cosas interesantes y vendió carisima la derrota.

El partido comenzó mejor para Argentina, con Matias Schulz parando mucho y con Diego Simonet no sólo jugando bien si no dando espectáculo con acciones

Diego Simonet, y un arranque de partido excelente

realmente para el recuerdo como una penetración a punto débil y un lanzamiento fuerte-flojo o un golazo al ángulo luego de recibir un tremendo golpe del avanzado. Brasil era muy profundo en defensa con Borges como avanzado, luego sustituido por Gil Pires que lo hizo muy bien. Argentina resolvía bien la cuestión y no permitía correr a los de Jordi.

Hubo dos situaciones de penal que los daneses no pitaron, una sobre Carou tras un gran giro del pivote y otra sobre Diego Simonet, ambas muy claras, donde de pasar a una diferencia de +7 Argentina quedo +3. A partir de ese momento Argentina comenzó a apurarse un poco en ataque y permitió la salida rápida de Felipe Borges que fue una verdadera pesadilla en todos los aspectos. En ataque Diogo Hubner daba movilidad al ataque y conectaba con Vinicius, un pivote más que bueno.

Por Argentina Seba Simonet comandaba el ataque haciendo jugar a todos. El capitán Andrés Kogovsek jugó un partido para el recuerdo, contragolpeando y definiendo como si tuviera 18 años, inclusive ganó un 1vs1 impresionante para aportar un gol clave.

El intercambio de golpes concluyó en un 12 iguales para terminar la primera mitad, resultado algo injusto para lo que fue el tramite del partido donde Argentina había sido claramente superior. La segunda mitad comenzó con un gol de Chuky Cánepa tras un rebote, sin embargo el ataque argentino estaba demasiado apresurado cuando el partido pedía pausa. Brasil casi sin proponerselo pasó al frente y dominaba las acciones. En ese momento Argentina se descontroló, entró en un ritmo vertiginoso que no le convenía y no sólo erró si no que perdió algunas pelotas.

Pizarro se ubico en el LD, y convirtio tres veces de forma consecutiva.

En ese momento de desconcierto se produjeron dos decisiones de Dady Gallardo y Guillermo Milano que cambiaron el rumbo del partido. La primera fue la incorporación de Federico Pizarro quién como lateral marcó 3 goles consecutivos, para pasar de perder a ganar por uno. La otra Sebastián Simonet marcando como segundo a Teixeira, el lateral izquierdo, que no lo pudo superar ni siquiera una sóla vez, y además pudo llevar la contra con más claridad desde esa posición.

Argentina volvió al partido y demostró todo su oficio, Pablo Portela fue un bastión defensivo y los centrales jugaban cada vez más lejos de él. El Negro Garcia mantuvo el nivel de Matias Schulz redondeando un gran torneo y Guido Ricobelli no pudo marcar pero sumó minutos importantes estando a la altura de la circunstancias.

Brasil logró empatar en 21 a falta de 40 segundos con un gran gol de su extremo derecho. Aquí podemos trazar un paralelismo con los laterales de fútbol, dicen que en Brasil debajo de las piedras hay laterales, debe haber extremos también porque cualquiera que juegue ahí tiene una técnica envidiable. Dady pidió minuto a falta de 24 segundos, Federico Vieyra se la jugó entre 1 y 2 y le cometieron penal. Momento consagratorio para Federico Fernandez, de quien ya había destacado un grado de madurez tremenda. La pelota decisiva no le pesó para nada y consiguió un gol que vale un título Panamericano. El quinto para Argentina, el segundo consecutivo para estos Gladiadores a quienes sólo podemos agradecerles una y otra vez por tantas alegrías.

Festejo de los Gladiadores luego de una final durisima